La obra La casa de Bernarda
Alba pertenece a Federico García Lorca, acabada por el mismo autor
en el año 1936, pocos meses antes de que fusilaran a éste en
agosto, en la localidad de Víznar.
Este "drama de mujeres en los
pueblos de España" tal y como la subtituló fue estrenada sin
embargo, en 1945 en la república de Argentina; concretamente en su
capital: Buenos Aires. El régimen de Franco silenciaba desvergonzadamente el crimen de Granada y el mundo asistía a la derrota de los fascismos por el triunfo aliado en la 2ª Guerra Mundial.
Este drama supone la obra
póstuma del autor y una con las que quedó más satisfecho después
de acabarla. En una entrevista confesaba Lorca que con esta obra
pretendía denunciar una moral equívoca y socialmente perniciosa.
Añadía que el teatro debía reflejar el latido o pálpito social y
que debía ayudar a la transformación de la sociedad: si no el
teatro carecería de sentido.
Esta intención clara de
Federico García Lorca enlaza con la evolución de todos los miembros
de la Generación del 27 que adquirieron en su poesía, novela y
teatro. Esta evolución hacia lo social, hacia la "impureza"
se debe en buena medida al poeta chileno Pablo Neruda. Este autor
americano concebía la poesía como un arma para transformar el
mundo, y fue modelo para los jóvenes autores del 27 seducidos por el
ideal de poesía gongorino, que, no en balde, les hizo nacer a la
opinión pública en el ateneo de Sevilla en 1927.
La obra teatral que nos
ocupa puede ser considerada desde esta perspectiva como un fiel
reflejo de la hipócrita sociedad española que Lorca trataba de
conbatir. Rafael Alberti, compañero de generación del granadino,
sorprende con un teatro social y comprometido de inspiración
marxista. Aunque Lorca nunca estuvo afiliado al Partido Comunista, sí
se puede afirmar que La casa de Bernarda Alba tiene una honda
preocupación social, puesto que es, como Lorca decía una España en
blanco y negro, igual que en esos colores Pablo Picasso creó su
Gernika.

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