domingo, 5 de abril de 2015

BILBAO Y BLAS DE OTERO


          La ciudad natal de Blas de Otero es una gran protagonista de su obra poética, no en balde, junto a Gabriel Aresti y Miguel de Unamuno forman una especie de trío de ases de nuestra villa.
Nacido en la calle de Hurtado de Amezaga en 1916 y muerto en Madrid en 1979, su postura ante la ciudad es compleja, contradictoria en muchas ocasiones, aunque siempre permanece en su memoria una y otra vez ese Bilbao de fina lluvia, de cielos grises y tristes que no son otra cosa que su carácter, personalidad...
En los poemas de obligada lectura se pueden encontrar ejemplos de todo lo dicho anteriormente:
  1. Un Bilbao infantil, feliz, entrañable que biográficamente se corresponde a la más tierna infancia del autor.
  2. Un Bilbao beato, asfixiantemente religioso, opresivo, tenebroso...
  3. Finalmente un Bilbao y una Bizkaia de las que se siente orgulloso y se reconoce como hijo.

          El primer Bilbao infantil lo encuentro en el poema Bihotz-begietan cuando habla de su nacimiento "en el país de los ricos", en alusión clara a aquel Bilbao industrial, minero, que literalmente se forró con la neutralidad en la I Guerra Mundial; es el Bilbao de su madre, la terraza enorme de Hurtado de Amezaga y los brazos de lana de su madre que, en la madurez recuerda que le reconfortan y le protegen. Es el Bilbao de los juegos infantiles, la época de las chuches ("cacahuetes, anises...") que aparecen en Lejos y 1923, dos sonetos también autobiográficos de su etapa social.

          En contraposición a lo anterior, Blas de Otero no recuerda con cariño a esa otra infancia religiosa en la que se educó desde su ingreso en nuestro colegio en 1923, fecha que da título al soneto citado. Cuando tiene 50 años recuerda la Semana Santa de Bilbao y asocia este recuerdo al llanto: "procesión de Viernes Santo, Santo, Santo... / por Pagasarri trepan los pinares y en Artxanda los helechos hechos llanto..." las imágenes de sus profesores, jesuitas, se asocian siempre al color negro y la falta de cariño: "aquellos hombres me abrasaron / hablo del hielo aquel del luto atormentado, la derrota del niño y su caligrafía triste...". De ahí el socorro que le pide a su madre de que no le mande más "ante el pupitre con estampas".

          Finalmente, para acabar, está el Bilbao y la Bizkaia del hierro, que es una metáfora de la actitud que hay que tomar en la vida: ser fuerte (como el hierro), dar la sangre (también roja como el hierro) y seguir viviendo. Esto lo explica cuando en Bihotz-begietan toma ejemplo de la torre Eiffel; así el poeta confiesa que a partir de ese momento, 1950, etapa social, va a estar en pie como la torre y va a ser de hierro también como ella. La imagen del hierro aparece en Gallarta; en este poema vierte su experiencia de un año de trabajo en la mina al lado de Agustín Ibarrola. Es un poema que se inicia con una cita de Tirso de Molina, quien habla de los bizkainos como hechos de hierro "parcos en palabras y largos en hechos".

En conclusión, Bilbao y su tierra natal una y otra vez están presentes en su obra de una forma poética y sugerente.

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