domingo, 26 de abril de 2015

EL TIEMPO (EN LO CIENTÍFICO): INMATERIAL, PERO MUY VALIOSO...

          Últimamente, y más nosotros los estudiantes en estas fechas, miramos mucho el tiempo; hasta en la ciencia es importante hacer las cosas rápido, y por supuesto bien. Si esto no se realizara a tiempo los costes económicos (también otros gastos) ascenderían más según pasan los días y la investigación sería excesivamente cara; entre otros problemas que podrían haber.

           Es de interés común, lógicamente, hacer las cosas bien y si se puede en un tiempo menor, mejor. En todos los proyectos científicos o tecnológicos se comen la cabeza con el fin de entregar una investigación o un invento a tiempo, por cumplir el plazo previsto para bienestar y motivación de todos los que hayan participado en él. No obstante, suele ser difícil conseguirlo pues siempre hay imprevistos u otras dificultades. Por ejemplo, las grandes construcciones (tales como estadios deportivos, autovías de amplio tamaño o túneles) tienen varios obstáculos: las inclemencias metereológicas (algo que no está en nuestra mano) y el tema económico, porque estos proyectos tienen normalmente un importante coste económico, y cuando el dinero no da para avanzar, hay que interrumpirlos. Por lo tanto es casi imposible terminar todo antes de la fecha. 





          Otro ejemplo podría ser el de las investigaciones científicas, en laboratorios. En estas últimas todo lo utilizado es muy caro: el material, la limpieza, etc. Normalmente estos experimentos se hacen a largo plazo, con fecha límite lejana. Aún así muchas veces los científicos se las tienen que apañar para finalizar a tiempo: no estás construyendo nada, pero sí jugando con seres vivos microscópicos por lo que todo no está en las manos humanas.

          En conclusión a todo, cabe decir que todas estas aspiraciones y proyectos se deberían finalizar en un plano cercano al estipulado previamente. Como ya he dicho con un par de ejemplificaciones ni todo está de nuestra mano, ni siempre se juega con todo el dinero en los bolsillos

domingo, 5 de abril de 2015

COMIENZOS DEL FEMINISMO,DE LA IGUALDAD


          Aunque para finales del siglo XIX ya existía un cierto pensamiento generalizado sobre la necesidad de educar mínimamente a las mujeres, será a partir de entonces cuando el tema cobre mayor importancia y se produzca el acceso de éstas a la enseñanza y otros campos. Parte de esto puede deberse sobre todo a la lenta creación del movimiento feminista a partir de la publicación de la obra Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft en el año 1792

          La segunda ola fue el feminismo liberal sufragista, centrado en el derecho al sufragio y a la educación de las mujeres. Se trataba de educar a las mujeres porque la naturaleza las llamaba a compartir su vida con los hombres y tenían que saber atenderlos; porque estaba en sus manos la educación de sus hijos durante la infancia y debían estar preparadas para formarlos, sólo una “adecuada educación” que las preparara ante todo para ser mejores esposas y madres era, según sus defensores, la que les convenía y la única que las haría felices. Una instrucción elemental, con ciertos contenidos culturales, se consideraba suficiente; sólo una minoría defendía la ampliación de aquella con vistas al ejercicio profesional.




          Así concebida, la educación femenina cubría los requisitos del liberalismo; salvaba el (teórico) principio de igualdad, respondía a las exigencias del progreso y preservaba las estructuras sociales y familiares de cualquier peligro, al ser las exigencias de sexo y clase sus principios orientadores.

         Sin embargo, esta educación no tardaría mucho en mostrar sus insuficiencias y discriminaciones. En los comienzos del siglo XX la influencia exterior, el desarrollo de los servicios, la demanda de trabajo por parte de las chicas de clase media, la actitud de las interesadas y demás, haría que se debatiera y difundiera un modelo de enseñanza femenina acorde con el resto de los países occidentales.

BILBAO Y BLAS DE OTERO


          La ciudad natal de Blas de Otero es una gran protagonista de su obra poética, no en balde, junto a Gabriel Aresti y Miguel de Unamuno forman una especie de trío de ases de nuestra villa.
Nacido en la calle de Hurtado de Amezaga en 1916 y muerto en Madrid en 1979, su postura ante la ciudad es compleja, contradictoria en muchas ocasiones, aunque siempre permanece en su memoria una y otra vez ese Bilbao de fina lluvia, de cielos grises y tristes que no son otra cosa que su carácter, personalidad...
En los poemas de obligada lectura se pueden encontrar ejemplos de todo lo dicho anteriormente:
  1. Un Bilbao infantil, feliz, entrañable que biográficamente se corresponde a la más tierna infancia del autor.
  2. Un Bilbao beato, asfixiantemente religioso, opresivo, tenebroso...
  3. Finalmente un Bilbao y una Bizkaia de las que se siente orgulloso y se reconoce como hijo.

          El primer Bilbao infantil lo encuentro en el poema Bihotz-begietan cuando habla de su nacimiento "en el país de los ricos", en alusión clara a aquel Bilbao industrial, minero, que literalmente se forró con la neutralidad en la I Guerra Mundial; es el Bilbao de su madre, la terraza enorme de Hurtado de Amezaga y los brazos de lana de su madre que, en la madurez recuerda que le reconfortan y le protegen. Es el Bilbao de los juegos infantiles, la época de las chuches ("cacahuetes, anises...") que aparecen en Lejos y 1923, dos sonetos también autobiográficos de su etapa social.

          En contraposición a lo anterior, Blas de Otero no recuerda con cariño a esa otra infancia religiosa en la que se educó desde su ingreso en nuestro colegio en 1923, fecha que da título al soneto citado. Cuando tiene 50 años recuerda la Semana Santa de Bilbao y asocia este recuerdo al llanto: "procesión de Viernes Santo, Santo, Santo... / por Pagasarri trepan los pinares y en Artxanda los helechos hechos llanto..." las imágenes de sus profesores, jesuitas, se asocian siempre al color negro y la falta de cariño: "aquellos hombres me abrasaron / hablo del hielo aquel del luto atormentado, la derrota del niño y su caligrafía triste...". De ahí el socorro que le pide a su madre de que no le mande más "ante el pupitre con estampas".

          Finalmente, para acabar, está el Bilbao y la Bizkaia del hierro, que es una metáfora de la actitud que hay que tomar en la vida: ser fuerte (como el hierro), dar la sangre (también roja como el hierro) y seguir viviendo. Esto lo explica cuando en Bihotz-begietan toma ejemplo de la torre Eiffel; así el poeta confiesa que a partir de ese momento, 1950, etapa social, va a estar en pie como la torre y va a ser de hierro también como ella. La imagen del hierro aparece en Gallarta; en este poema vierte su experiencia de un año de trabajo en la mina al lado de Agustín Ibarrola. Es un poema que se inicia con una cita de Tirso de Molina, quien habla de los bizkainos como hechos de hierro "parcos en palabras y largos en hechos".

En conclusión, Bilbao y su tierra natal una y otra vez están presentes en su obra de una forma poética y sugerente.